Negro, un gato más de las calles de Madrid

 

Salimos aquel sábado en la mañana a la captura de un conejo. Según los testigos oculares, amantes de perros en su mayoría, el conejo llevaba aproximadamente un mes en el parquecito que nos inspiraba cada mañana. Las sospechas conducían a que era un conejo doméstico que había sido abandonado. Aquella mañana, salimos y entramos… Entramos y salimos varias veces ideando la mejor estrategia. En la última de las salidas posibles, nos sorprendió la extrañeza de la vida; más bien de lo vivo.

Sobre la estrecha y medianamente transitada calle Belmonte de Tajo, encontramos a lo lejos, aunque a una corta distancia de nuestro portal, una mancha negra rodeada de ese color intenso de la sangre. Al acercarnos, se asoma al espectro ocular, el blanco hueso de unos colmillos. Toda una boca abierta. Unas pupilas esperanzadas pero dilatadas. Todo un rostro inmortalizado en la mueca final del atropello. Yacía el cuerpo de un hermoso gato negro que seguramente, segundos antes de encontrarle, había sido mortalmente golpeado por un coche.

Salimos aquel sábado en la mañana a la captura de un conejo. Según los testigos oculares, amantes de perros en su mayoría, el conejo llevaba aproximadamente un mes en el parquecito que nos inspiraba cada mañana. Las sospechas conducen a que es un conejo doméstico que ha sido abandonado. Aquella mañana, salimos y entramos… Entramos y salimos varias veces ideando la mejor estrategia. En la última de las salidas posibles, nos sorprendió la extrañeza de la vida; más bien de lo vivo.   Sobre la estrecha y medianamente transitada calle Belmonte de Tajo, encontramos a lo lejos, aunque a una corta distancia de nuestro portal, una mancha negra rodeada de ese color intenso de la sangre. Al acercarnos, se asoma al espectro ocular, el blanco hueso de unos colmillos. Toda una boca abierta. Unas pupilas esperanzadas pero dilatadas. Todo un rostro inmortalizado en la mueca final del atropello. Yacía el cuerpo de un hermoso gato negro que seguramente, segundos antes de encontrarle, había sido mortalmente golpeado por un coche.  Todo acontece en un incapturable instante. Acabada de brotar, la sangre, parecía estar convidándonos a sentir la cercanía de lo verdaderamente humano… esa capacidad de empatía, de reconocimiento en el otro, en lo otro. Entramos. Buscamos una manta blanca y una caja que sirviera de cobijo. Salimos. Lo cubrimos con la manta. Y con la delicadeza de estar ante un hermano, lo recogimos.  Negro, un gato más de las calles de Madrid. Que “aparentemente” entra y sale de este mundo en el anonimato. Negro, ese altavoz para reflexionar sobre los gatos, sobre todos los seres nombrados animales… y animales callejeros y sobre nuestra vinculación/responsabilidad hacia con ellos.   Podría percibirse como una mirada ingenua, lo sé, pero nos preguntamos si en aquella mañana el atropellado hubiese sido un ser, de esos reconocidos como, HUMANO. Cuantas re-acciones se hubiesen sucedido ante un cuerpo inerte abandonado en medio de la calle. Y captura mi atención esas jerarquías de los cuerpos y su anonimato que hasta sorprenden que existan aunque sea tan, tan común en nuestras sociedades. Cuanta sutilidad todavía por conquistar nos queda.Todo acontece en un incapturable instante. Acabada de brotar, la sangre, parecía estar convidándonos a sentir la cercanía de lo verdaderamente humano… esa capacidad de empatía, de reconocimiento en el otro, en lo otro. Entramos. Buscamos una manta blanca y una caja que sirviera de cobijo. Salimos. Lo cubrimos con la manta. Y con la delicadeza de estar ante un hermano, le recogimos.

Negro, un gato más de las calles de Madrid… Que “aparentemente” entra y sale de este mundo en el anonimato. Negro, ese altavoz para reflexionar sobre los gatos, sobre todos los seres nombrados animales… y animales callejeros y sobre nuestra vinculación/responsabilidad hacia con ellos.

Podría percibirse como una mirada ingenua, lo sé, pero nos preguntamos si en aquella mañana el atropellado hubiese sido un ser, de esos reconocidos como, HUMANO. Cuantas re-acciones se hubiesen sucedido ante un cuerpo inerte abandonado en medio de la calle. Y captura mi atención esas jerarquías de los cuerpos y su anonimato que hasta sorprenden que existan aunque sean tan, tan común en nuestras sociedades. Cuanta sutilidad todavía por conquistar nos queda.

 

Salimos aquel sábado en la mañana a la captura de un conejo. Según los testigos oculares, amantes de perros en su mayoría, el conejo llevaba aproximadamente un mes en el parquecito que nos inspiraba cada mañana. Las sospechas conducen a que es un conejo doméstico que ha sido abandonado. Aquella mañana, salimos y entramos… Entramos y salimos varias veces ideando la mejor estrategia. En la última de las salidas posibles, nos sorprendió la extrañeza de la vida; más bien de lo vivo.   Sobre la estrecha y medianamente transitada calle Belmonte de Tajo, encontramos a lo lejos, aunque a una corta distancia de nuestro portal, una mancha negra rodeada de ese color intenso de la sangre. Al acercarnos, se asoma al espectro ocular, el blanco hueso de unos colmillos. Toda una boca abierta. Unas pupilas esperanzadas pero dilatadas. Todo un rostro inmortalizado en la mueca final del atropello. Yacía el cuerpo de un hermoso gato negro que seguramente, segundos antes de encontrarle, había sido mortalmente golpeado por un coche.  Todo acontece en un incapturable instante. Acabada de brotar, la sangre, parecía estar convidándonos a sentir la cercanía de lo verdaderamente humano… esa capacidad de empatía, de reconocimiento en el otro, en lo otro. Entramos. Buscamos una manta blanca y una caja que sirviera de cobijo. Salimos. Lo cubrimos con la manta. Y con la delicadeza de estar ante un hermano, lo recogimos.  Negro, un gato más de las calles de Madrid. Que “aparentemente” entra y sale de este mundo en el anonimato. Negro, ese altavoz para reflexionar sobre los gatos, sobre todos los seres nombrados animales… y animales callejeros y sobre nuestra vinculación/responsabilidad hacia con ellos.   Podría percibirse como una mirada ingenua, lo sé, pero nos preguntamos si en aquella mañana el atropellado hubiese sido un ser, de esos reconocidos como, HUMANO. Cuantas re-acciones se hubiesen sucedido ante un cuerpo inerte abandonado en medio de la calle. Y captura mi atención esas jerarquías de los cuerpos y su anonimato que hasta sorprenden que existan aunque sea tan, tan común en nuestras sociedades. Cuanta sutilidad todavía por conquistar nos queda.

Author: laconjunciónY

laconjunciónY es un laboratorio para la investigación de la imaginación que experimenta sobre tres pilares fundamentales: Arte, Neurociencia y Consciencia Eco-Lógica. C de colaboración, Y de vínculos y enlaces hacia todo e incluso lo imposible. Nace de la metáfora del rizoma. Esa raicilla aérea que no crea profundidad de tierra, sino que se ramifica de manera horizontal. En esa horizontalidad cada raíz, frágil en sí misma, se conecta una con otra creando un entramado poderoso. Es en su fragilidad donde reside su fuerza. El rizoma, entonces, es la conjunción Y una y mil veces; Y… Y… Y… Tejidos de vínculos y enlaces que potencia lo múltiple y lo diverso y, sobretodo, con la convicción de que nuestra unión, nuestra fuerza está en cómo ponemos a conversar nuestras diferencias…  para crear crear crecer creer y crear. laconjunciónY son Candela Olarte y Deborah Elías

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