Tomasa o la belleza como aprendizaje

Hay una mítica canción del cantautor cubano Silvio Rodríguez, mítica no por ser canción, sino por ser de Silvio; mítico para muchos que en algún momento breve o no de su historia Silvio fue una poética voz que nos representó. Pues bien, a lo que vamos. Hay un verso de una canción de Silvio que dice; “Sólo el amor alumbra lo que perdura… Sólo el amor convierte el milagro en barro.” Este breve tejido que lees trata sobre la capacidad de auto-transformación y aprendizaje que tenemos a través de la belleza y el amor. Les contaré una historia real, mi historia, nuestra historia, la historia que recuerdo.

Hay una mítica canción del cantautor cubano Silvio Rodríguez, mítica no por ser canción, sino por ser de Silvio; mítico para muchos que en algún momento breve o no de su historia Silvio fue una poética voz que nos representó. Pues bien, a lo que vamos. Hay un verso de una canción de Silvio que dice; “Sólo el amor alumbra lo que perdura… Sólo el amor convierte el milagro en barro.” Este breve tejido que lees trata sobre la capacidad de auto-transformación y aprendizaje que tenemos a través de la belleza y el amor. Les contaré una historia real, mi historia, nuestra historia, la historia que recuerdo. barroTomasa era (o es) -ante la mirada de una niña de 8 años- una mágica bibliotecaria que hizo que me enamorara de la lectura. La primera novela que leí, fue gracias a ella. Cada día me dirigía a la biblioteca con gran emoción para sumergirme en las aventuras de Nadie y Ninguno; los personajes principales de la novela. Tomasa fue para mí una especie de aedo de la lectura y del conocimiento.Tomasa era (o es) -ante la mirada de una niña de 8 años- una mágica bibliotecaria que hizo que me enamorara de la lectura. La primera novela que leí, fue gracias a ella. Cada día me dirigía a la biblioteca con gran emoción para sumergirme en las aventuras de Nadie y Ninguno; los personajes principales de la novela. Tomasa fue para mí una especie de aedo de la lectura y del conocimiento.

No sé cuándo despareció Tomasa en esos primeros ocho años de vida… Pero a los 12 la volví a encontrar. Era la bibliotecaria del nuevo colegio al que me incorporaba. En esos años -ante la mirada de una niña de 12 años- ya Tomasa era lo que desde el mundo de las formas y la superficialidad llamamos fea. Grande, gorda, con un rostro aplastado, ojos desorbitados que al encarar tu mirada con la de ella, te recordaba la típica imagen de un sapo.

En una tarde de colegio, mientras nos explicaba el funcionamiento de investigación en las bibliotecas, a escondidas de Tomasa, echábamos una partida de cartas. Entre risas y complicidad, Tomasa nos pilla y me pide las cartas de briscas que habían estado circulando como de contrabando por debajo de la mesa. Dame las cartas. ¿Qué cartas? Las cartas que tienes en las manos debajo de la mesa y con las que llevas jugando toda la clase. Yo no tengo ninguna carta.  Y le muestro las manos vacías, luego de haber escondido las briscas tras la primera llamada de atención seca y determinada: ¡Dame las cartas! La hija del  director del colegio, le gritó que se callara, gorda fea. Me reí, nos reímos todos, a excepción de Tomasa. Que se quedó mirando… Mirándome… Seria. Callada. Tal vez con cierta incredulidad ante el sarcasmo de mi burla. No me castigó. Ni siquiera me amenazó con castigarme o acusarme ante la dirección o tantas otras sanciones que ante una situación así, se aplican. Simplemente, no dijo nada más, a excepción de, por favor, manténlas guardadas. Y continuó con la clase.

Al siguiente día, en la agenda del colegio tocaba realizar las típicas fotos individuales y grupales que se hacen Fotografía de Chris Sardengatodos los años. El escenario para las fotos se colocó en la biblioteca. Y allí estaba yo. De pie, casi lista para que los flashes empezasen a iluminar.  Mis manos, abrazadas entre ellas, sobre un taburete… y de frente el espejo. Me miraba. Me miraba con exceso, preocupada por la imagen que mostraba. Me miraba y reacomodaba el pelo, el peinado, la inseguridad. Me miraba insistentemente cuando ella, Tomasa, sentada frente a mí, testigo silente de aquel ensimismamiento, con una enorme sonrisa, una de esas tan cargadas de ternura que hacen sólo del mirar un acto incondicional de amor, me dice: Estás hermosa.

Aquellas palabras congelaron el instante. Y me hicieron respirar tan profundo para no entrar en un llanto descontrolado. Sentí vergüenza. Vergüenza de toda mi pobreza y fealdad. Tomasa vio en mí su propia hermosura. Tuvo la inocencia de identificar y rescatar la belleza que debajo de tantas capas de fealdad, se escondía.  Y desde la comprensión del amor, me llevó a un silencioso autoentrenamiento. Pudo haberme dicho aquel día de las cartas de briscas tantas cosas sobre el respeto, sobre los valores, sobre la lealtad, sobre la prudencia… en cambio su callado gesto, la belleza como su herramienta de enseñanza, iluminó todos mis días.

Después de ese año, no la vi más. Cinco años después, a lo lejos, en una escuela de artes a la que asistía en horario extracurricular, para mi sorpresa, la vi. Y quise correr hacia ella para darle un abrazo y pedirle perdón y agradecerle su profunda huella en mi vida. No lo hice. El miedo me paralizó o más bien me paralicé ante el miedo o los nervios o a saber. Muchos años después, en la imaginación y en las alianzas internas de la paz; en el sentir del lo siento, he abrazado a Tomasa y hemos bailado corazón a corazón. Eternamente agradecida, querida Tomasa.

Author: laconjunciónY

laconjunciónY es un laboratorio para la investigación de la imaginación que experimenta sobre tres pilares fundamentales: Arte, Neurociencia y Consciencia Eco-Lógica. C de colaboración, Y de vínculos y enlaces hacia todo e incluso lo imposible. Nace de la metáfora del rizoma. Esa raicilla aérea que no crea profundidad de tierra, sino que se ramifica de manera horizontal. En esa horizontalidad cada raíz, frágil en sí misma, se conecta una con otra creando un entramado poderoso. Es en su fragilidad donde reside su fuerza. El rizoma, entonces, es la conjunción Y una y mil veces; Y… Y… Y… Tejidos de vínculos y enlaces que potencia lo múltiple y lo diverso y, sobretodo, con la convicción de que nuestra unión, nuestra fuerza está en cómo ponemos a conversar nuestras diferencias…  para crear crear crecer creer y crear. laconjunciónY son Candela Olarte y Deborah Elías

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4 Comments

  1. cuanta belleza en el espejo del alma; que es libre de formas cuando las revela la ESCECIA de nuestro Ser.

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    • Hermoso Marina… Eres una inspiración constante.

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  2. Los grandes maestros saben enseñar sin palabras… con gestos que llegan directos al corazón porque son inefables, ¡se te cuelan sin que puedas hacer nada! Esta historia es preciosa ¡y está muy bien contada!

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  3. Ciertamente se te cuelan… Gracias Manuel. Recibe un gran abrazo!!

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