Si abres los ojos; la luz…

 

Si abres los ojos, la luz llenará tus sentidos de significados... fotones destellos vibrantes residuos de luz que inducirán al cerebro a sumergirse en el mágico acto de la imaginación. En ese instante, formas y espacio se develan ante tu pupila; es la realidad... Un nuevo día que comienza. El latido de una creación, solo en apariencia parecida a la misma forma que contemplaste la noche anterior al cerrar tus ojos. Bienvenidos a esta ilusión.Si abres los ojos, la luz llenará tus sentidos de significados… fotones destellos vibrantes residuos de luz que inducirán al cerebro a sumergirse en el mágico acto de la imaginación. En ese instante, formas y espacio se develan ante tu pupila; es la realidad… Un nuevo día que comienza. El latido de una creación, solo en apariencia parecida a la misma forma que contemplaste la noche anterior al cerrar tus ojos. Bienvenidos a esta ilusión.

Desde el centro del escenario, entre impro musical y la máquina para hacer loops, en la magistral inauguración de uno de los festivales de artes escénicas más arriesgado de Madrid; se alza una voz, esa voz, con cierto matiz de rabia urbana y dice algo así como: “…PORQUE EL ARTE ESTÁ PARA CUESTIONAR LA REALIDAD.”

Debo confesar que en ese instante el mundo se detuvo. Y el pensamiento quedó circulando en la reflexión sobre qué es la realidad, y cuál ha sido y será su vinculación con el arte. Y si verdaderamente, la realidad, está ahí esperando a ser presenciada por nosotros.

¿Son nuestros sentidos reflejos exactos del mundo exterior? En el ensayo “Paul
Cézanne. El proceso de la visión”, el neurocientífico y escritor Jonah Lehrer* reflexiona sobre el proceso de visión y sobre la ruptura o el giro en la percepción

luz 2del arte que Paul Cézanne generó con su pintura; con su visión de la realidad. Para principios del siglo XX, el estilo académico de la pintura, su estética, la precisión en sus detalles y su necesidad de verosimilitud, estaba vinculado a la ciencia. Se pensaba que el ojo era como una cámara que recogía los pixeles de luz y los enviaba previamente al cerebro. Cézanne, expresa Lehrer, invirtió esta percepción de la visión. La visión era más bien subjetiva que se escapa de los contornos de la luz. “…Cézanne creía que la luz era sólo el principio de ver. El ojo no basta –declaró-. Uno necesita pensar también.” Mirar, para Cézanne, es crear lo que vemos.

Si el acto de mirar implica el acto de crear, pareciera un equívoco el cuestionar una realidad como un algo ajeno o externo a quien la contempla. Tal parece que, mirar es crear la realidad que experimento y viceversa; crear es mirar. Y pareciera que el arte todavía tiene una tendencia a posicionarse desde ese paradigma de principios del siglo XX.

Las recientes investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro con respecto a cómo funciona la visión afirman que el cerebro, ante los estímulos de la luz, realiza un proceso de imaginación para plasmar eso que llamamos realidad. Comenta Lehrer: “Siempre que abrimos los ojos, el cerebro inicia un acto de asombrosa imaginación al transformar los residuos de la luz en un mundo de formas y espacios que podemos comprender. Al adentrarse en el interior del cráneo, los científicos han podido ver cómo se crean nuestras sensaciones y cómo las células de la corteza visual construyen en silencio la visión. La realidad no está ahí, esperando a ser presenciada; la realidad es fabricada por la mente.”

Manzanas verdes y Monte Sainte-Victoire de Paul Cézanne

Manzanas verdes y Monte Sainte-Victoire de Paul Cézanne

Esta impactante cita nos coloca en un lugar totalmente opuesto a la frase inicial -con cierto matiz de rabia urbana- que motiva, por inquietante, esta breve reflexión. Esta impactante frase, nos posiciona en un lugar muy distinto que ya deja de ser pasivo, para asumir la responsabilidad de toda vivencia que experimento. Y la técnica de Cézanne nos lleva a ser conscientes de cómo la mente crea la realidad. “Su arte nos muestra lo que no podemos ver, es decir, nuestra manera de ver.”

La noción de paisaje o escena (realidad) que contemplamos al abrir los ojos, está meticulosamente interpelada por nuestras interpretaciones subjetivas. Comenta Lehrer que el cerebro humano no está interesado en una verdad a la manera de una cámara; sólo quiere que la escena tenga sentido. En su pintura Cézanne sólo estaba interesado en pintar los elementos esenciales, lo necesario en el esqueleto de la forma. En ese proceso de mirar el lienzo, nos invita a construir lo que se mira y libera al lienzo de ser una imagen fija. Es el cerebro quien llena de detalles el lienzo vacío en la pintura de Cézanne.  Compartimos una extensa y reveladora cita del ensayo de Lehrer sobre la visión que nos desvela cómo el cerebro construye la realidad y a partir de qué elementos:

Los modernos estudios neurocientíficos de la corteza visual han confirmado las intuiciones de Cézanne…: la experiencia visual trasciende las sensaciones visuales. La montaña de Cézanne surgía del lienzo vacío porque el cerebro, en un descarado intento por prestar sentido al cuadro, lo llenaba de detalles. Se trataba de un instinto necesario. Si la mente no se imponía al ojo, entonces nuestra visión estaría llena de vacíos. Por ejemplo, como no hay ningún cono sensible a la luz donde el nervio óptico conecte con la retina, cada Corteza Visualuno de nosotros tenemos un punto literalmente ciego en el centro del campo visual. Pero estamos ciegos a nuestros propios puntos ciegos : nuestro cerebro registra infaliblemente un mundo sin fisuras.

Esta capacidad para prestar sentido a nuestros sentidos incompletos es producto de anatomía cortical humana. La corteza visual está dividida en varias zonas, claramente numeradas del 1 al 5. Si rastreamos los ecos de luz desde la V1, la zona neural donde la información proveniente de la retina aparece por primera vez como una colección de líneas, hasta la V5, podremos observar cómo la escena visual adquiere su inconsciente creativo. La realidad se va perfilando constantemente, hasta que la sensación original –el lienzo incompleto- queda tragada por nuestra subjetividad.

La primera zona de la corteza visual donde las neuronas reaccionan a las imágenes, tanto ilusorias como reales, es la V2. Es aquí donde la parte alta de la mente empieza a modificar los niveles de la visión. El resultado es que empezamos a ver una montaña donde sólo hay una línea negra. A partir de este punto, no podemos separar nuestras invenciones mentales de lo que existe en la realidad. Las mismas neuronas reaccionan cuando vemos realmente una montaña y cuando sólo la imaginamos. La denominada percepción inamaculada simplemente no existe.

Ver es, entonces, imaginar.  Así lo entendió Cézanne y así lo ha confirmado los estudios neurocientíficos. Si partimos de esta premisa, se desmonta la creencia de que hay una realidad indistinta de quien la observa. El observador, en este sentido, participa también como el crerador de esa escena que contempla. Así que el arte en realidad, ya no buscaría cuestionar, sino que funcionaría como un generador de nuevas realidades. En este punto de comprensión, somos completamente responsables de la realidad o escena que experimentamos. Y la respons-abilidad, entendido como la capacidad de respuesta, nos libera. Quiere decir, que ante el estímulo y la respuesta, hay un espacio; un breve o largo espacio, en el que todos somos creadores y tenemos la capacidad y la posibilidad de elegir cómo respondemos o (re) accionamos ante cualquier interpelación. Átomos de realidad, que como las piezas de lego, pueden ser modificadas por nuestra capacidad de Imaginar. La belleza, ya lo sabemos, está en nuestra mirada. Ver es Imaginar.

 

* Todas las citas de esta entrada son del libro de Jonah LehrerProust y la Neurociencia. Una visión única de ocho artistas fundamentales de la modernidad. Marzo, 2010. Editorial Paidós.

Author: laconjunciónY

laconjunciónY es un laboratorio para la investigación de la imaginación que experimenta sobre tres pilares fundamentales: Arte, Neurociencia y Consciencia Eco-Lógica. C de colaboración, Y de vínculos y enlaces hacia todo e incluso lo imposible. Nace de la metáfora del rizoma. Esa raicilla aérea que no crea profundidad de tierra, sino que se ramifica de manera horizontal. En esa horizontalidad cada raíz, frágil en sí misma, se conecta una con otra creando un entramado poderoso. Es en su fragilidad donde reside su fuerza. El rizoma, entonces, es la conjunción Y una y mil veces; Y… Y… Y… Tejidos de vínculos y enlaces que potencia lo múltiple y lo diverso y, sobretodo, con la convicción de que nuestra unión, nuestra fuerza está en cómo ponemos a conversar nuestras diferencias…  para crear crear crecer creer y crear. laconjunciónY son Candela Olarte y Deborah Elías

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